Más allá del Sauvignon Blanc y del Chardonnay
Gerald León, DipWSET
Chile es un país de gustos clásicos, tanto en vinos blancos como en tintos. Para corroborarlo, basta con pasearse por los pasillos de los supermercados o revisar las estadísticas entregadas por el SAG en sus catastros vitícolas. Según las estadísticas de 2025, el Sauvignon Blanc lideró entre las cepas blancas, con un 12 % de la superficie plantada a nivel nacional. Le sigue el Chardonnay con un 8 % y, a la distancia, se perfila la Moscatel de Alejandría con un modesto 4 %.
Si bien contamos con excelentes expresiones de Sauvignon Blanc y Chardonnay en Chile, también encontramos muy buenos exponentes de otras cepas blancas, que a veces pasan desapercibidos, ya sea por una falta general de interés del consumidor por probar variedades desconocidas o por falta de personal capacitado a la hora de contar nuevas historias que vayan más allá de discursos como "es un blanco afrutado y fresco" o "es un blanco para disfrutar con amigos".
Les dejamos nuestra selección de vinos elaborados con otras cepas blancas para que se atrevan a conocer nuevas historias que merecen ser escuchadas.
- Barranco – Viognier, Tabalí: El Viognier no es una cepa muy conocida en Chile, pero tiene todo para conquistar el paladar nacional. Es una cepa que nos da vinos golosos en textura y con delicados y cautivadores aromas. Existen variadas expresiones de esta cepa; sin embargo, me encanta Barranco. Esta etiqueta proviene de la parte alta del Valle del Limarí, precisamente de un viñedo ubicado en Río Hurtado, donde las uvas se benefician de condiciones más frescas mientras contemplan las estrellas en la noche. ¿El mejor maridaje? Sushi, especialmente esos golosos rolls con queso crema, camarón apanado y palta. Precio referencial: $15.000
- Bestiario – Marsanne/Roussanne/Viognier, Morandé: Marsanne y Roussanne son cepas poco conocidas. Fuera del Ródano, la región vitivinícola francesa donde alcanzan sus mejores expresiones, tienen poca presencia en el resto del mundo. Esto se debe en parte a que exigen un cuidado intenso en el viñedo, sobre todo la Roussanne, y a que no son fáciles de vender a un público que no las conoce. ¿Qué esperar de un ensamblaje de estas tres cepas? Un vino con peso en boca, con aromas y sabores que recuerdan al limón, la manzana y el durazno, junto a notas de manzanilla y cera de abeja. Es una excelente opción para quienes buscan un blanco con cuerpo, "para mascarlo", como dirían generaciones anteriores, pero sin la clásica paleta aromática a madera que suele acompañar a los Chardonnay de este estilo. ¿Maridaje ideal? Un chupe de locos, de jaiba o de centolla para acompañar esta despeinada etiqueta de Morandé. Precio referencial: $15.000
- Blanco Paraíso – Moscatel de Alejandría, Itata Paraíso: Hoy en día, al hablar de Moscatel, los consumidores suelen relacionarlo con vinos dulces; sin embargo, esta variedad también puede producir elegantes vinos secos. En un mundo repleto de vinos naranjos de dudoso pedigrí, Itata Paraíso se luce con esta elegante expresión, cuya exquisita textura y cautivadores aromas lo convierten en uno de mis vinos naranjos favoritos entre los que he probado en Chile. Es un vino que en un comienzo puede generar disonancia, ya que sus aromas dulces contrastan con el perfil seco que se percibe en boca; sin embargo, vale la pena comprar una botella para disfrutarlo solo o para acompañarlo con falafel o camarones al pil pil. Precio referencial: $15.000
- Riesling – Sierras de Bellavista: La cepa emblemática de Alemania está detrás de vinos en todo el espectro del dulzor y es responsable tanto de exquisitos vinos dulces como de elegantes expresiones secas (cuando la calidad es prioridad para el productor). Acá nos encontramos con un Riesling que proviene de Colchagua Andes, un vino elaborado con parras ubicadas a casi 1.100 msnm. Es una expresión elegante, de cuerpo medio, con una vibrante acidez y aromas que nos recuerdan a flores blancas, piña y damasco. ¿El maridaje ideal? Camarones tempura con una gota de limón, ceviche o un sándwich de pastrami de cerdo con coleslaw para ampliar los horizontes. Precio referencial: $20.000
- Casona Vineyard – Gewürztraminer, Casa Marín: Pronunciar el nombre de esta cepa saca más de una carcajada durante nuestras catas de vino. ¿Qué estilos de vino nos da? Pensemos en expresiones con cuerpo (en algunos casos, con altos niveles de alcohol) y aromas que nos recuerdan a durazno maduro, lichi y agua de rosas. El Gewürztraminer premium de Casa Marín logra una vibrante expresión de esta perfumada variedad gracias al clima frío de los viñedos de este productor. Acá encontramos perfume, textura y un nivel de acidez que no es tan común encontrar en esta variedad. Para disfrutar ahora con un pad thai, arrollados primavera o rollitos vietnamitas. Precio referencial: $21.000
- La Blanca – Semillón, De Martino: Antes del aumento de popularidad del Sauvignon Blanc y del Chardonnay, el Semillón dominaba los viñedos chilenos. Es una cepa curiosa: encontramos acidez, textura y unas elegantes notas a miel y nueces que aparecen con el tiempo; no es casualidad que sea una cepa clave en los grandes vinos blancos de Burdeos. En Chile existen variadas expresiones de esta cepa; sin embargo, De Martino la lleva a otro nivel con La Blanca, un vino de Isla de Maipo con vibrante acidez y una exquisita textura, gracias a su paso por barricas usadas. Un vino exquisito para disfrutar ahora con un ceviche, un tiradito o sushi estilo japonés, o bien para guardarlo unos buenos años y que demuestre todo su potencial. Sin duda, uno de los mejores blancos que nos da el Maipo. Precio referencial: $27.000
Tenemos claro que Chile puede producir vinos de clase mundial; sin embargo, siempre es bueno aventurarse a conocer nuevos proyectos y etiquetas con otras historias por contar. Quizás terminen encontrando su nuevo vino favorito.