El arte de encontrar tesoros por pocas lucas

Gerald León, DipWSET
El arte de encontrar tesoros por pocas lucas

Por más que queramos dejar de lado los sesgos, estos siempre estarán presentes a la hora de evaluar productos a ciegas. Es diferente probar un vino de alta gama conociendo la etiqueta y el precio que dárselo a alguien para que lo deguste y preguntarle cuánto estaría dispuesto a pagar por dicho vino. En este último caso, por lo general, el consumidor indicará un precio mucho menor del que realmente cuesta el vino.

A la hora de elaborar vinos de gama alta, no es raro que algunos productores no escatimen en gastos, ya sea en el viñedo o en la bodega, para que sus vinos se luzcan en concursos o sorprendan a jueces de medios especializados. Por otro lado, los recursos destinados a los vinos de entrada no suelen ser tan generosos, pese a que estos, en gran parte de los casos, constituyen la principal fuente de ingresos de los productores y son los que los consumidores encuentran comúnmente en las góndolas de los supermercados o botillerías.

Al realizar nuestra cata de vinos con la temática «A Ciegas: Económicos vs. Premium», las sorpresas están a flor de piel. Hemos visto cómo algunos consumidores se han llevado gratas sorpresas al darse cuenta de que disfrutan de un vino rosado de $3.000, que probablemente hubiesen descartado por el precio, así como también decepciones al enterarse del alto precio de un vino que consideraron «promedio» o «reguleque». La pregunta del millón es: ¿cómo identificamos calidad en un vino de gama baja o de entrada?

Lo primero que hay que tener en cuenta es la concentración de sabor, es decir, qué tan sabroso está el vino, una característica que guarda estrecha relación con la calidad de las uvas utilizadas en su elaboración. Además de hacer que el vino resulte más placentero en el paladar, la intensidad del sabor que percibimos, junto con la acidez, contribuye a equilibrar el contenido de alcohol del vino. Cuando hay menos sabor, el alcohol puede destacar y percibirse, en algunos casos, un retrogusto amargo y una leve sensación de ardor en el paladar. Por otro lado, cuando el vino tiene una mayor concentración de sabor, el alcohol, incluso en niveles altos (14,5-15 % vol.), puede percibirse de manera más atenuada.

Ahora, el punto clave es que, cuando hablamos de vinos de gama baja o de entrada, estos suelen estar elaborados con fruta obtenida a mayores rendimientos, vale decir, más racimos por parra, por lo que la decisión individual de cada productor sobre qué uvas comprar o qué uvas elegir de sus viñedos para estos vinos es clave para obtener un vino rico y en el que el alcohol no sobresalga.

La siguiente variable es la complejidad aromática. Este término se refiere tanto a la cantidad de aromas que podemos percibir en un vino como al origen de estos mismos; por ejemplo, si son aromas que provienen de la uva propiamente tal, de la fermentación, de técnicas enológicas o de la guarda en botella. Debemos tener en claro que, en vinos de gama baja o de entrada, probablemente encontraremos una menor cantidad de aromas o aromas más afrutados. Sin embargo, acá también hay diferencias.

Al elegir un vino de menos de $5.000, podemos encontrarnos con uno en el que podremos distinguir vagamente dos aromas a fruta o, derechamente, decir que el vino tiene olor a vino, sin poder percibir matices a primera nariz. Por otro lado, podemos encontrar vinos en los que podremos distinguir dos o más aromas, incluyendo notas que nos recordarán a vainilla.

La última variable en la que nos debemos fijar es el final de un vino. Al hablar del «final», nos referimos a la sensación que queda en el paladar después de probarlo. En un mundo idílico, lo ideal es que los sabores del vino perduren por un buen tiempo en el paladar y que, acompañados de la acidez natural del vino, nos dejen una sensación agradable y fresca.

Al hablar de vinos de gama baja, lo importante es que, en el final del vino, percibamos sabores y no destaquen elementos como el alcohol (lo cual sucede cuando el vino no fue elaborado con uvas de calidad), la acidez (cuando las uvas crecen en condiciones demasiado cálidas, la acidez natural baja y es necesario rectificarla, lo que puede dar lugar a una sensación punzante) y el amargor, que puede explicarse por el uso de uvas que no estaban totalmente maduras desde un punto de vista enológico, lo que nos da unas notas herbáceas para nada agradables.

A modo de conclusión, un vino económico es un gran hallazgo cuando:

  • Tiene sabores agradables, sin amargor ni un alcohol que destaque.

  • Puedo percibir varios aromas y el vino no solamente huele a vino.

  • Tiene una acidez agradable que no destaca para mal.

¿Cuál sería un buen ejemplo de un vino bien logrado por menos de $5.000? Compren una botella de Cono Sur Bicicleta Cabernet Sauvignon. Para mí, es uno de los vinos mejor logrados por menos de $5.000 en Chile. Una verdadera joya.

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